El choque femoroacetabular (CFA) es una alteración de la cadera en la que un contacto anómalo entre el fémur y el acetábulo provoca dolor en la ingle, especialmente en jóvenes activos. Existen tres tipos: CAM, Pincer y mixto. Si no se trata, puede derivar en artrosis precoz. El diagnóstico combina exploración clínica y pruebas de imagen. El tratamiento va desde fisioterapia hasta artroscopia de cadera cuando los síntomas no responden al tratamiento conservador.
Índice
Qué es el choque femoroacetabular?
El choque femoroacetabular (CFA), también conocido como impingement femoroacetabular, es una alteración mecánica de la articulación de la cadera en la que existe un contacto anómalo y repetido entre la cabeza del fémur y el borde del acetábulo. En condiciones normales, la cabeza femoral encaja con precisión dentro del acetábulo y permite el movimiento libre de la cadera en todos sus rangos.
Cuando hay una deformidad ósea en alguno de los dos componentes —o en ambos—, ese encaje falla y se genera un rozamiento que lesiona progresivamente las estructuras más vulnerables de la articulación: el labrum y el cartílago articular.
Es una patología que afecta principalmente a adultos jóvenes de entre 20 y 40 años, muchos de ellos activos o deportistas, y que con frecuencia pasa desapercibida durante meses o incluso años. En consulta, uno de los patrones que veo con más frecuencia es el del paciente joven que arrastra un dolor inguinal difuso, que ha pasado por varios especialistas y que en algún momento ha recibido diagnósticos como contractura de psoas, pubalgia o incluso hernia inguinal sin que el tratamiento funcione. El CFA es una de las causas que hay que descartar siempre en ese perfil de paciente.
Tipos de choque femoroacetabular: CAM, Pincer y mixto
Según dónde se encuentre la deformidad, se distinguen tres tipos principales:
Tipo CAM (en giba). La cabeza femoral presenta un relieve óseo anómalo en la transición cabeza-cuello, lo que impide un movimiento suave dentro del acetábulo durante la flexión. Es más frecuente en varones jóvenes y deportistas, y produce un daño condral agresivo en la zona anterosuperior del acetábulo.
Tipo Pincer (en tenaza). El borde del acetábulo sobrecubre en exceso la cabeza femoral. Es más habitual en mujeres de mediana edad y su daño principal recae sobre el labrum, que soporta el impacto repetido del cuello femoral.
Tipo mixto. Es el más frecuente en la práctica clínica. Combina elementos de ambos tipos, aunque normalmente predomina uno de ellos.
Síntomas del choque femoroacetabular
El dolor de ingle en el joven activo, una señal que no conviene ignorar
El síntoma más característico del CFA es el dolor en la ingle, habitualmente de aparición gradual, que inicialmente se relaciona con la actividad física: flexiones profundas de cadera, pedalear, hacer sentadillas, subir escaleras o permanecer mucho tiempo sentado. Mejora en reposo pero reaparece con el movimiento. Con el tiempo, si no se trata, puede aparecer también en situaciones cotidianas o por la noche.
Una forma muy gráfica de localizarlo es lo que se denomina el «signo de la C»: el paciente sitúa su mano en la cadera con los dedos formando una C, el pulgar hacia la zona glútea y el índice apuntando a la ingle. Es esa sensación de dolor difuso que rodea la articulación y que resulta difícil de señalar con precisión, algo que con frecuencia lleva a confundirlo con otras patologías.
Otros síntomas frecuentes
Además del dolor inguinal, el CFA puede manifestarse con rigidez en la cadera al levantarse por las mañanas o tras períodos prolongados de inactividad, limitación progresiva del rango de movimiento —especialmente en rotación interna y flexión— y, en algunos casos, sensación de chasquido o bloqueo articular. Este último síntoma suele indicar que el labrum ya está dañado.
Es importante señalar que algunos pacientes con CFA tienen escasa sintomatología durante años. La ausencia de dolor no equivale a ausencia de daño estructural.
¿A quién afecta y por qué aparece?
El perfil más habitual es el del adulto joven, activo o deportista, que practica disciplinas con cargas repetidas en flexión de cadera: ciclismo, fútbol, atletismo, artes marciales, gimnasia o deportes de contacto. Sin embargo, también puede aparecer en personas sedentarias con una anatomía desfavorable.
La causa exacta de las deformidades óseas que generan el CFA no se conoce completamente. Existe un componente genético relevante: la morfología de la cabeza femoral y el acetábulo tiene una base hereditaria. A ello se suman factores mecánicos durante el crecimiento esquelético que pueden modificar la forma del hueso en etapas clave del desarrollo. Las lesiones previas de cadera, así como alteraciones como la displasia de cadera, también pueden actuar como factores predisponentes.
Cómo se diagnostica el choque femoroacetabular
Exploración clínica: la maniobra FADIR y la maniobra FABER
El diagnóstico comienza siempre en la consulta, con una historia clínica detallada y una exploración física dirigida. Cuando exploro a un paciente con sospecha de CFA, las dos maniobras que más información me dan son la FADIR y la FABER.
La maniobra FADIR (Flexión, ADucción, Rotación Interna) es la más sensible para el CFA. Con el paciente tumbado boca arriba, llevo la cadera a 90° de flexión y añado aducción y rotación interna. Si reproduce el dolor en la ingle, la maniobra es positiva y apunta claramente a un conflicto mecánico en la articulación. Es una maniobra altamente sensible, aunque no completamente específica, por lo que siempre hay que interpretarla junto al resto de la exploración.
La maniobra FABER (Flexión, ABducción, Rotación Externa) complementa la valoración y ayuda a explorar el compartimento posteroinferior de la cadera. Se coloca el tobillo de la pierna afectada sobre la rodilla contraria y se presiona suavemente la rodilla hacia la camilla. La limitación del movimiento o la aparición de dolor orientan hacia patología articular de cadera.
Pruebas de imagen: radiografía, resonancia magnética y artro-RM
La radiografía en carga (de pie, proyección anteroposterior de pelvis) es la prueba inicial obligada. Permite identificar las deformidades óseas características del CFA: el relieve anómalo en la unión cabeza-cuello femoral en el tipo CAM, o la sobrecobertura acetabular en el tipo Pincer. Cuando está correctamente realizada e interpretada por alguien con experiencia en cadera, ya orienta claramente el diagnóstico. El problema es que estos signos a veces son sutiles y pasan desapercibidos, lo que explica los retrasos diagnósticos que vemos con tanta frecuencia. Es precisamente lo que los especialistas de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT) llevan años señalando en sus guías de práctica clínica: el CFA es una patología infradiagnosticada no por falta de prevalencia, sino por falta de sospecha clínica.
La resonancia magnética (RM) aporta información sobre el estado del labrum y el cartílago articular. Permite ver roturas del labrum, zonas de daño condral y otros cambios intraarticulares que la radiografía no muestra.
La artro-RM, en la que se inyecta contraste directamente en la articulación antes de la resonancia, es el estudio de mayor precisión para evaluar el labrum y detectar lesiones condrales que pueden pasar desapercibidas en la RM convencional. Es la prueba que más ayuda a la planificación quirúrgica: permite conocer con anticipación la magnitud del daño articular y tomar decisiones más precisas sobre la técnica a emplear.
La conexión entre el CFA, el labrum y la artrosis de cadera
Este es el punto que considero más importante y que con frecuencia no se explica bien al paciente. El CFA no es solo un problema de dolor articular: es un mecanismo de daño progresivo que, si no se corrige, avanza de forma silenciosa hacia la artrosis precoz de cadera.
El labrum es un rodete fibrocartilaginoso que rodea el acetábulo y actúa como un sello articular: mantiene el líquido sinovial distribuido sobre el cartílago, estabiliza la cabeza femoral dentro del acetábulo y amortigua las cargas mecánicas.
Cuando el CFA genera un rozamiento repetido contra el labrum, este acaba degenerando y rompiéndose. Sin la protección del labrum intacto, el cartílago articular queda expuesto a un daño mecánico directo que, a lo largo de los años, produce una artrosis de cadera que antes se consideraba «sin causa conocida» —lo que los reumatólogos denominaban artrosis idiopática en pacientes jóvenes.
Esta cadena — CFA no tratado → lesión del labrum → daño condral → artrosis precoz — es la razón por la que el diagnóstico temprano del CFA es tan relevante. Tratar el CFA antes de que haya un daño condral significativo ofrece resultados muy superiores a cualquier intervención tardía. Cuando el cartílago ya está muy dañado, las opciones terapéuticas cambian radicalmente.
Tratamiento del choque femoroacetabular
Tratamiento conservador: cuándo y cómo funciona
En casos con sintomatología leve o moderada y sin daño articular estructural relevante, el primer paso es siempre el tratamiento conservador. Incluye la modificación de la actividad física —evitar temporalmente los rangos de movimiento que desencadenan el dolor—, fisioterapia dirigida a potenciar la musculatura estabilizadora de la cadera y reducir la sobrecarga articular, y medicación antiinflamatoria para controlar los episodios agudos.
Las infiltraciones intraarticulares pueden estar indicadas en determinados casos para reducir la inflamación y mejorar el confort durante la rehabilitación. Tienen además un valor diagnóstico: si el dolor cede tras la infiltración, confirma que su origen es intraarticular, lo que refuerza el diagnóstico de CFA y orienta el plan de tratamiento.
El tratamiento conservador suele plantearse durante un mínimo de tres a seis meses. Si pasado ese tiempo los síntomas persisten o empeoran, hay que valorar la cirugía.
Artroscopia de cadera por CFA: la técnica de referencia
La artroscopia de cadera es hoy la técnica quirúrgica de referencia para el tratamiento del CFA. Es una cirugía mínimamente invasiva: a través de dos o tres pequeñas incisiones se introduce una cámara y el instrumental necesario para trabajar dentro de la articulación sin necesidad de abrirla.
Durante la artroscopia se corrige la deformidad ósea —resecando la giba femoral en el tipo CAM o remodelando el borde acetabular en el tipo Pincer— y se repara o trata el labrum dañado. Si existen fragmentos de cartílago sueltos u otras lesiones intraarticulares asociadas, también se abordan en el mismo procedimiento.



¿Cuándo hay que operar?
La decisión de operar no depende únicamente del nivel de dolor. Los criterios que me orientan hacia la cirugía son:
- persistencia de síntomas tras un tratamiento conservador adecuado y suficientemente prolongado,
- presencia confirmada por imagen de lesión del labrum o daño condral
- perfil de actividad del paciente que justifique la recuperación de la función
- ausencia de artrosis avanzada que contraindique la cirugía conservadora de la articulación.
El candidato ideal para la artroscopia de cadera por CFA es el paciente con dolor que no responde al tratamiento conservador, con movilidad conservada y sin pinzamiento articular significativo en la radiografía. En mi experiencia, cuanto más precoz es la intervención, mejor es el pronóstico funcional a largo plazo. Cuando ya hay artrosis establecida, las opciones cambian: en esos casos puede plantearse directamente una prótesis de cadera.
Recuperación tras la artroscopia de cadera: qué esperar
La recuperación después de una artroscopia de cadera por CFA tiene varias fases. Durante las primeras semanas se utilizan muletas para proteger la articulación y permitir la cicatrización de los tejidos. La fisioterapia comienza de forma temprana, con ejercicios de movilidad suaves que se van progresando según la evolución.
El retorno a las actividades cotidianas con normalidad suele producirse entre las seis y las doce semanas. La vuelta al deporte depende de la magnitud de la lesión y del tipo de actividad: para actividades de bajo impacto puede ser a partir de los tres o cuatro meses, mientras que para deportes de alta intensidad el plazo habitual se sitúa entre los cuatro y los seis meses. Una rehabilitación bien dirigida, con un fisioterapeuta con experiencia en patología de cadera, es tan importante como la propia cirugía para obtener el mejor resultado posible.
Preguntas frecuentes sobre el choque femoroacetabular
¿El choque femoroacetabular se puede curar sin cirugía?
En casos con sintomatología leve y sin daño estructural relevante, el tratamiento conservador puede controlar los síntomas durante tiempo. Sin embargo, si existe una deformidad ósea que genera el conflicto mecánico, esta no desaparece sola. La cirugía es necesaria cuando los síntomas persisten o cuando hay daño del labrum o el cartílago que debe repararse para evitar la progresión hacia la artrosis.
¿Qué pasa si no se trata el choque femoroacetabular?
El riesgo principal es la progresión hacia una artrosis de cadera precoz. El rozamiento repetido lesiona el labrum y el cartílago articular de forma acumulativa. El CFA puede estar detrás de un porcentaje significativo de las artrosis de cadera consideradas sin causa conocida en menores de 50 años.
¿El CFA afecta igual a hombres que a mujeres?
No exactamente. El tipo CAM es más frecuente en varones jóvenes deportistas y tiende a producir un daño condral más agresivo y precoz. El tipo Pincer es más habitual en mujeres de mediana edad y tiene generalmente una evolución más lenta.
¿Qué prueba de imagen es la más precisa para diagnosticar el CFA?
La radiografía en carga es el punto de partida obligado. Para evaluar el estado del labrum y el cartílago, la artro-RM es la prueba de mayor precisión y la que más información aporta para planificar el tratamiento quirúrgico.
¿Cuánto tarda la recuperación después de la artroscopia de cadera por CFA?
El retorno a la vida cotidiana suele producirse entre las seis y las doce semanas. La vuelta al deporte de alta intensidad requiere entre cuatro y seis meses, dependiendo del estado de la articulación y de la rehabilitación realizada.
¿El choque femoroacetabular puede confundirse con otras patologías?
Sí, con frecuencia. El diagnóstico diferencial incluye la tendinopatía del psoas, la pubalgia del deportista, la bursitis trocantérica, la displasia de cadera y la patología lumbar con irradiación a la ingle. No es infrecuente que los pacientes con CFA hayan recibido diagnósticos previos incorrectos antes de llegar a la causa real.
Este contenido es de carácter general y no sustituye la valoración médica individualizada. Si tus síntomas persisten o son intensos, consulta con un especialista.
¿Tienes dolor en la cadera o en la ingle que no mejora?
Si llevas tiempo con molestias en la ingle al hacer deporte, al agacharte o simplemente al estar sentado mucho rato, merece la pena descartar el choque femoroacetabular antes de que el daño avance. Puedo valorar tu caso en consulta, hacer una exploración dirigida y decirte con claridad qué está pasando y cuál es el mejor camino.
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