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Tendinitis aquílea: síntomas, diagnóstico y tratamiento

Guía para pacientes sobre tendinitis aquílea: qué es, tipos (insercional vs no insercional), síntomas/alarma, causas y factores de riesgo, diagnóstico en consulta (eco/RM), tratamiento conservador estructurado (control de carga, excéntricos, calzado/taloneras, AINEs, ESWT), criterios de cirugía y tiempos de recuperación.

Por el Dr. Jose Valero, traumatólogo especializado en cadera, hombro y tobillo.

Tendinitis aquílea

¿Qué es la tendinitis aquílea y por qué aparece?

La tendinitis aquílea —también llamada tendinopatía de Aquiles— es la irritación o degeneración del tendón que une los músculos de la pantorrilla (gemelos y sóleo) con el calcáneo. Es una causa muy frecuente de dolor en la parte posterior del talón y afecta tanto a deportistas (especialmente corredores y deportes con salto) como a personas con sobrecarga mecánica, rigidez de la cadena posterior o cambios bruscos en la actividad física.

En términos sencillos, el tendón sufre cuando la carga (kilómetros, desnivel, series, saltos o simplemente más tiempo de pie) supera la capacidad de tolerancia de sus fibras. Si esa descompensación se mantiene, aparecen microlesiones, engrosamiento y dolor que puede limitar caminar, subir escaleras o ponerse de puntillas.

Claves iniciales:

  • El dolor suele mejorar con el calentamiento y empeorar al final de la actividad o al día siguiente.
  • Puede haber rigidez matutina y sensibilidad a la palpación.
  • No es lo mismo una tendinopatía que una rotura: la rotura cursa con un chasquido súbito, dolor intenso y dificultad para la flexión plantar.

Tipos: insercional vs no insercional (cómo reconocer cada una)

Diferenciar el tipo de tendinopatía ayuda a decidir el tratamiento:

  • No insercional (midsubstancia): el dolor se localiza 2–6 cm por encima de la inserción en el talón. Es típica de corredores y se asocia a sobreuso. A la palpación, el tendón puede estar engrosado y sensible; estirar fuerte el gemelo duele.
  • Insercional: el dolor está en el punto donde el tendón se ancla al calcáneo. Puede acompañarse de bursitis retroaquílea y/o deformidad de Haglund (prominencia ósea posterior). Suele molestar con calzado duro que roza en el talón y al caminar cuesta arriba o de puntillas.

Pistas diferenciales rápidas:

  • Si duele “más arriba” del talón → probable no insercional.
  • Si duele “justo en el hueso” y molesta el roce del zapato → más bien insercional.
  • La ecografía ayuda a confirmar: engrosamiento, hipoecogenicidad, neovascularización; y a distinguir bursitis asociada.

Síntomas y señales de alarma (cuándo acudir de urgencias)

Síntomas habituales: dolor punzante o sordo en el talón posterior, rigidez al levantarse, molestias al correr o saltar, sensibilidad al apretar el tendón, “crujidos” leves al mover.

Señales de alarma (acudir a urgencias/valoración inmediata):

  • Chasquido con dolor agudo y pérdida de fuerza para ponerse de puntillas → sospecha de rotura del tendón de Aquiles.
  • Inflamación brusca, calor local y enrojecimiento intenso.
  • Dolor incapacitante que no permite apoyar el pie.

Causas y factores de riesgo (deportivos, anatómicos y fármacos)

  • Carga y técnica: aumento rápido de kilómetros, cambios de superficie, cuestas o series, técnica de carrera deficiente.
  • Biomecánica: acortamiento gemelar, rigidez del tobillo, pie plano o cavo, dismetrías, debilidad de glúteo/ core.
  • Calzado: zapatillas gastadas o demasiado minimalistas en transición no progresiva; contrafuertes rígidos que rozan la inserción.
  • Edad: a partir de los 35–40 años el tendón pierde elasticidad.
  • Fármacos: fluoroquinolonas y corticoides sistémicos pueden aumentar el riesgo de tendinopatía/rotura.
  • Comorbilidades: psoriasis, hipercolesterolemia, hipertensión, diabetes.

Diagnóstico en consulta: exploración, ecografía y RM, ¿cuándo pedirlas?

El diagnóstico es clínico: localización del dolor, palpación (engrosamiento/dolor), test funcionales (ponerse de puntillas, salto).
Ecografía musculoesquelética: de elección en consulta por su disponibilidad, dinamismo y coste. Permite ver engrosamiento, neovascularización, bursitis y depósitos calcificados en la inserción.
Resonancia magnética (RM): se reserva para dudas diagnósticas, sospecha de rotura parcial, planificación quirúrgica o fracaso del tratamiento conservador.

Cuándo pedir pruebas:

  • Síntomas persistentes >6–8 semanas pese a manejo adecuado.
  • Sospecha de rotura o patología asociada (Haglund marcado, bursitis severa).
  • Deportistas de competición que requieran plan de carga preciso.

Tratamiento conservador paso a paso

Reposo relativo, hielo y control de carga

No se trata de “parar del todo”, sino de ajustar la carga.

Durante 2–3 semanas:

  • Reducir o sustituir la actividad de impacto por bicicleta o elíptica sin dolor.
  • Hielo 10–15 min tras la actividad.
  • Taloneras temporales (5–10 mm) para disminuir tensión del tendón en fases dolorosas, sobre todo en insercional.

Ejercicios excéntricos y fortalecimiento de gemelos/sóleo

El protocolo excéntrico (tipo Alfredson) es la base del tratamiento no insercional:

  • 3 series de 15 repeticiones, 2 veces al día, 7 días/semana, 12 semanas.
  • Progresar con lastre cuando el dolor sea ≤3/10.
  • Añadir isométricos (5 repeticiones de 45 s) en fases muy dolorosas para modular dolor.
  • En insercional, limitar la dorsiflexión profunda al inicio para no irritar la entesis.

Complementar con:

  • Movilidad de tobillo y estiramiento suave de gemelos (sin dolor agudo).
  • Fuerza de glúteo medio, core y cadena posterior (sentadillas, peso muerto técnico, elevaciones de talón con rodilla flexionada para sóleo).

Calzado, taloneras y ortesis: qué usar y cuándo

  • Zapatillas con buen amortiguado y drop moderado en primeras semanas.
  • Taloneras de silicona o fieltro para reducir tracción; retirarlas de forma progresiva al mejorar.
  • Evitar contrafuertes rígidos que rocen en insercional.
  • Estudiar plantillas 3D si hay pie plano/cavo marcado o dismetrías.

AINEs, infiltraciones y su papel (PRP/esteroides con cautela)

  • AINEs: pautas cortas para dolor/inflamación reactivas.
  • Corticoides: evitarlos intratendinosos por riesgo de rotura; pueden valorarse peritendinosos o en bursa, con indicación precisa.
  • PRP/ácido hialurónico: opción en casos seleccionados tras fracaso del programa de ejercicio; la evidencia es variable y debe individualizarse.

Ondas de choque (ESWT): indicaciones y expectativas

Las ondas de choque extracorpóreas pueden ayudar en tendinopatías crónicas (sobre todo insercionales, con o sin calcificaciones) cuando el ejercicio estructurado no es suficiente. Se realizan en varias sesiones, combinadas con progresión de carga y excéntricos, con expectativas realistas: mejorar dolor y función a medio plazo, no “curación inmediata”.

Recurso para ampliar: guía ilustrada del tendón.

¿Cuándo plantear cirugía? Técnicas y recuperación

Se considera cirugía si, tras ≥6 meses de tratamiento bien realizado, persisten dolor y limitación funcional que impiden la actividad deseada. Las técnicas dependen del tipo:

  • No insercional: desbridamiento de tejido degenerado, posible ténodesis del flexor largo del hallux en casos avanzados.
  • Insercional: desinserción parcial con desbridamiento de entesopatía, resección de Haglund y reanclaje con suturas/ancoras.

Recuperación general (puede variar según técnica/paciente):

  • Descarga parcial con bota y alzas las primeras semanas.
  • Fisioterapia estructurada desde fases tempranas.
  • Carrera suave entre 8–12 semanas (no contacto), impacto progresivo a partir de 12–16 semanas.
  • Alta deportiva cuando no hay dolor en carga, fuerza simétrica y se superan test funcionales (saltos, excéntricos sin dolor).

Prevención y tiempos de recuperación según actividad

  • Regla del 10%: aumentar carga semanal de forma gradual.
  • Trabajo regular de fuerza de gemelos/sóleo (2–3 días/semana).
  • Calentamiento, movilidad de tobillo y cadencia de carrera estable (evitar pasos demasiado largos).
  • Cambio de zapatillas cada 600–800 km (según desgaste).
  • Si vuelves tras lesión: empieza con carrera-caminar, controla DOMS y usa diario de dolor (0–10) para ajustar.

Tiempos orientativos (si se sigue plan y sin cirugía):

  • No insercional leve: 6–12 semanas para volver a correr suave.
  • Insercional o crónica: 3–6 meses para actividad plena.
  • Deportistas de impacto/élite: progresiones más largas y específicas.

Preguntas frecuentes sobre la tendinitis aquílea

¿Cómo diferenciar tendinopatía de rotura?

La rotura suele debutar con chasquido y pérdida de fuerza para ponerse de puntillas; requiere valoración urgente y ecografía/RM.

¿Cuántas veces a la semana hago excéntricos?

A diario (2 veces/día) en fases iniciales; luego se pueden mantener 3 días/semana como mantenimiento.

¿Sirven las taloneras?

Sí, como medida temporal para bajar carga en fases dolorosas, retirándolas poco a poco.

¿Cuándo puedo volver a correr?

Cuando caminar rápido y realizar elevaciones de talón son indoloras, y el dolor en reposo es ≤2/10 durante varios días.

¿Y si llevo meses sin mejoría?

Revisión del programa (técnica, fuerza de sóleo, control de carga), valorar ESWT y pruebas de imagen; si persiste, considerar opciones intervencionistas/quirúrgicas.

Conclusión

La tendinitis aquílea se resuelve en la mayoría de casos con un plan estructurado de control de carga, ejercicios excéntricos, ajustes de calzado y, cuando procede, ondas de choque u otras terapias adyuvantes. La clave es individualizar según si es insercional o no insercional, vigilar señales de alarma y progresar por objetivos, no solo por tiempo.

¿Dolor en el tendón de Aquiles? 👉 Reserva una valoración con el Dr. Jose Valero para un diagnóstico preciso y un plan de recuperación a tu medida.

Dr. Jose Valero Lanau, traumatólogo y cirujano ortopédico
Dr. Jose Valero Lanau
Especialista en traumatología y cirugía ortopédica | Web |  + posts